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31 de agosto del 2022

31 de agosto del 2022

By Kimberly Hobbs

EMPODERANDO VIDAS CON PROPÓSITO:
“¿Qué sacrificio?”
Cuando servimos a Dios, sacrificamos nuestros propios deseos y expectativas de lo que parece y somos moldeables a los caminos de Dios.
¡En nuestro entendimiento limitado, debemos dejar nuestros deseos y necesidades y darle a Dios Su reino libre para moverse entre nosotros!
Pasé un momento difícil cuando comencé a “decirle” a Dios que le serviría hace muchos años.
No fue fácil porque poco sabía que significaría sacrificar mi orgullo para hacer algo que, en mi comprensión limitada, parecía más pequeño y no ofrecía mucho glamour y atención. No abrí mis manos a Él al principio. Primero tuve que aprender mucho sobre mi llamado.
¿Qué sacrificio?
Bueno, para mí, soporté tentaciones de volver corriendo a un estilo de vida de “no escaces”. Tenía que estar dispuesta a hacer lo que Dios Dios dijera en Su Palabra mientras la investigaba. Tenía que ir a donde Él me enviaba cada vez que decía “¡Ve!” ¡Y algunos de esos sacrificios no fueron fáciles, seré la primera en decirlo!
Entregué el lugar donde vivía a Dios, pasé del lujo a una vida sencilla. Fui a las profundidades de Columbia trabajando con niños de trafico de humanos y sin saber si regresaría a este país o a mi familia. Fui a África a trabajar con niños y personas que no tenían nada. ¡Todo sacudió mi mundo con tristeza en mi corazón!
“No se haga mi voluntad sino la tuya Dios”. Tuve que decirlo muchas veces para superar sacrificios difíciles y soportar lo que elegí. Todo eso me enseñó poderosas lecciones y me preparó para lo que Dios sabía que estaba por venir.
Nos convertimos en constructoras del reino, mujeres transformadoras del mundo porque lo entregamos todo a nuestro Señor. Nuestras vidas, nuestras necesidades, nuestros propios deseos carnales.
Recuerda (Mateo 7:7 NVI) donde Dios nos dice…
“Continúe pidiendo y Dios le dará. Continúe buscando y encontrará. Continúe llamando y la puerta se abrirá para usted”.
Las puertas son abiertas por Dios para que las atravieses. No siempre son los que deseamos, pero debemos ser moldeables para caminar a través de la puerta de Dios para llegar a ese gran “cambio de juego”. ¡Una vida de gozo indescriptible y el llamado de un corazón de sierva en Jesús del que nunca querrás prescindir!